ACTO III

 

Enero 21 de 1670: Horcas de Tyburn, Londres.

 

Escenario: Un espacio abierto, en medio de la ciudad. En el centro, sobre una alta tarima, una horca. Alrededor, varios carruajes, y junto a éstos permanecen los nobles; al otro lado varias damas, con máscaras puestas y en silencio. En el otro extremo del escenario están los plebeyos. La decoración, aunque lúgubre y helada, posee luces de atardecer y sol.

 

PLEBEYO 1:

Que hace frío, ¿eh?

 

PLEBEYO 2:

¿Qué decís?

 

PLEBEYO 1:

Que hace frío, de mil demonios…

 

PLEBEYO 2:

Ya sabéis cómo dice… si hace sol en invierno, de seguro os congeláis los huesos.

 

PLEBEYO 3:

Pero dicen que el invierno no será largo… ya veis los árboles, que tienen flores… no está lejos la primavera.

 

PLEBEYO 2:

¿Cómo?

 

PLEBEYO 3:

¡Pues mirad! (Señala hacia los alrededores)

 

CONDE DE HASTINGS: (Pose indignada):

¿Veis cómo nos señala la gleba?

 

DUQUE DE NORFOLK (Mirándolo fijamente):

¿Sois Conde, acaso?

 

CONDE DE HASTINGS:

¿Habéis escuchado lo que traman?

 

BARÓN DE PRESTON:

¿Que nos colgarán, uno por uno, en árboles de las vías?

 

DUQUE DE NORFOLK:

¿Qué decís señores? Comportaos como nobles que sois; y no digáis sandeces… la muerte del bandido de turno los escarmentará, todo son patrañas… vaya sandeces.

 

(Silencio)

 

CONDE DE HASTINGS:

Que hace frío, ¿eh?

 

BARÓN DE PRESTON:

Del demonio…

 

CONDE DE HASTINGS (Al Barón de Preston, con disimulo):

¿Acaso no es aquella…?

 

DUQUE DE NORFOLK:

…¡Callad!

 

PLEBEYO 3:

¿Acaso no es aquella…?

 

PLEBEYO 2:

¡La dama de Buckingham!

 

PLEBEYO 3:

¡Viste bien!

 

PLEBEYO 2:

¡Qué buena!

 

PLEBEYO 3:

¿Y aquella?

 

PLEBEYO 2:

¿Lady Winchester?

 

PLEBEYO 1:

¿Norfolk?

 

(Pausa)

 

PLEBEYO 3:

¡Richmond!

 

PLEBEYO 2:

¡Qué buena!

 

DUQUE DE NORFOLK:

Guardaos de hablar, señores. No seréis humillados, ni violados, ni malheridos…

 

CONDE DE HASTINGS:

¿Sólo robados?

 

BARÓN DE PRESTON:

Ya veis lo que sucedió a Walpole…

 

CONDE DE HASTINGS:

…¿a Horacio?

 

BARÓN DE PRESTON:

El mismo. Fue herido por un tal Maclaine, durante un robo, pero tiempo después recibió una misiva de parte del ladrón, excusándose.

 

CONDE DE HASTINGS:

¡Ah! El mismo James Maclaine, quien disparó a Twyden, el obispo de Raphoe…

 

BARÓN DE PRESTON:

…el mismo.

 

DUQUE DE NORFOLK:

¿Qué hay con él?

 

CONDE DE HASTINGS:

Durante el juicio, se dijo que no había sido éste muerto de un balazo, sino debido a una infamación (Ríe).

 

PLEBEYO 1 (Riendo):

¿Sabéis qué se dice de los bandidos, en respuesta a las acciones de los nobles?

 

PLEBEYO 2 y 3:

Contad.

 

PLEBEYO 1:

Uno de estos villanos, envió un mensaje puerta a puerta a las casas de los nobles, advirtiéndoles de no avanzar en las vías, si se aventuran a salir con menos de un reloj y diez guineas (Risas).

 

BARÓN DE PRESTON:

¿Qué hay de las damas?

 

DUQUE DE NORFOLK:

¿Cómo? ¿No es acaso costumbre vuestra ver damas, barón?

 

BARÓN DE PRESTON:

No tan gallardas para una tarde fría.

 

DUQUE DE NORFOLK:

Es bien sabido que ver colgar villanos es su mayor divertimento.

 

BARÓN DE PRESTON:

¿Por qué las máscaras entonces?

 

DUQUE DE NORFOLK:

Es su manera de hacerlo.

 

PLEBEYO 2:

¿A qué han venido las damas, por cierto?

 

PLEBEYO 1:

A ver colgar al bandido, ¿Qué más les da?

 

PLEBEYO 3:

Habrían venido para el de Turpin, o para el de John Nick. Más bien comienzo a creer…

 

PLEBEYO 2:

¿En qué creéis, mi señora?

 

PLEBEYO 3:

Creo que han venido para despedirse de él.

 

PLEBEYO 1:

¿Tanto lo quieren?

 

PLEBEYO 3:

¡Más aun!

 

PLEBEYO 2:

¿Tanto?

 

BARÓN DE PRESTON:

¿De dónde ha salido tanto espectador para una rata? ¿Acaso es ésta una comedia?

 

DUQUE DE NORFOLK:

Y más se llegan, acompañando al bandido… sin duda creen que se le concederá el perdón.

 

CONDE DE HASTINGS:

¿El perdón de Carlos?

 

BARÓN DE PRESTON:

Algo he oído, y sigo sin creerlo. ¿Cómo lo habéis sabido, señor duque?

 

DUQUE DE NORFOLK:

Lo sé y es todo. Ciertamente sucedió de tal manera y eso debe bastaros.

 

(Silencio)

 

CONDE DE HASTINGS:

¿Lo ha otorgado Su Alteza?

 

DUQUE DE NORFOLK (Escupiendo al piso):

Tal parece.

 

CONDE DE HASTINGS:

Permitidme entender la situación. Decís que las damas, todas aquellas que veo, se presentaron ante Carlos…

 

BARÓN DE PRESTON:

…pidiendo su perdón…

 

PLEBEYO 3:

¿Concedió el perdón, decís? Hablad, decid dónde lo habéis escuchado.

 

PLEBEYO 1:

En la taberna por supuesto, ¿dónde más?

 

PLEBEYO 3:

¿Y lo otorgó?

 

PLEBEYO 1:

Así parece.

 

PLEBEYO 2:

¿Cómo? ¿Todas aquellas… damiselas… a chillarle al Rey? Andad a que lo sepa el Arzobispo…

 

PLEBEYO 1:

Ni que se os ocurra. Os condenaría a la hoguera.

 

PLEBEYO 3:

¿Tanto fue lo hablado?

 

PLEBEYO 1:

Es más. Ordenó despedazar el cuerpo de DuVall y repartirlo a lo ancho y largo del Reino. Tan indignado estaba el zorro aquel.

 

CONDE DE HASTINGS:

¡¿Lo sepultarán en la Catedral?! ¡Ni el Rey Sol merece tanta dicha!

 

BARÓN DE PRESTON:

Bueno, una vez haya sido terminada… De hecho me enteré de que este arquitecto, el joven Wren…

 

DUQUE DE NORFOLK:

…callad… allí lo traen.

 

(Se acerca una comitiva. Hacen parte de ella varios curas, dos guardias reales, dos funcionarios de la corte y DuVall. Éste tiene las manos atadas y camina erguido, a diferencia del resto. Llegan también varios carruajes, con nobles, y una turba de plebeyos)

 

PLEBEYO 3:

¿Lo veis?

 

PLEBEYO 2:

No parece triste. ¡Va bueno!

 

PLEBEYO 1:

Tal vez sabe ya que el perdón le ha sido otorgado.

 

CONDE DE HASTINGS:

¿Veis que sonríe el condenado aquel?

 

DUQUE DE NORFOLK:

¡Por mi barba que lo veré sepultado!

 

(Entra el Príncipe de Gales)

 

BARÓN DE PRESTON:

¿Qué hay?

 

PRINCIPE DE GALES:

Hay un Rey Sol, que llorará la pérdida de uno de sus ilustres hijos.

 

BARÓN DE PRESTON:

¿Y el perdón de Su Majestad?

 

(Entra un Plebeyo)

 

PLEBEYO 4:

¡Que lo colgarán hoy! ¡Y por mi calva sacra que el Rey vendrá después!

 

PLEBEYO 1:

¿Cómo? ¿Y el perdón Real?

 

PRINCIPE DE GALES:

El Juez Morton no ha hecho caso de las órdenes del Rey.

 

PLEBEYO 4:

Ha amenazado con dejar su cargo si el perdón es concedido.

 

BARÓN DE PRESTON:

¿Tanto quiere nuestro Rey al viejo Morton? Habría jurado que se sacrificaba más por aquellas…

 

PLEBEYO 3:

…todas aquellas damiselas… pobrecillas, ya sin consuelo…

 

PLEBEYO 1:

…¡Qué gallardo llega!

 

DUQUE DE NORFOLK:

¡Por mi barba que lo veré sepultado!

 

PLEBEYO 4:

¡Por mi calva sacra que el Rey vendrá después!

 

(Continúa el bullicio. La comitiva se abre paso entre la multitud. Suben a la tarima dos curas, un guardia llevando a DuVall, y un funcionario. Todos los personajes, con excepción de las damas, se precipitan a rodear la tarima)

 

FUNCIONARIO DE LA CORTE (Adelantándose hacia el borde. Lee en voz alta):

La Corte Real del Reino de Inglaterra, por orden Real de la Suprema Alteza nuestro Rey Carlos II, condena a Claude DuVall a pena de muerte, por los delitos de hurto…

(Se pronuncia la multitud)

…asalto…

(Se escuchan protestas de todos lados)

…tortura…

(Se eleva el bullicio)

…violación…

(Aumenta la bulla)

…¡asesinato!, hoy 21 de enero de 1670. ¡Cardenal!

 

(Se acerca uno de los curas, mientras el otro permanece atrás, bendiciendo al condenado)

 

CARDENAL:

En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia Anglicana concede la gracia de la muerte al señor Claude DuVall, como expiación de los delitos cometidos en el Reino de Dios y de Nuestro Reino. (Levanta su brazo y señala tres cruces en el aire)

Tiene derecho a una última voluntad.

 

(Continúa la bulla)

 

DUQUE DE NORFOLK:

Que se ha salido con la suya, el bandido este, ¡una última voluntad!

 

PRINCIPE DE GALES:

¡Valiente Criminal!

 

PLEBEYO 1:

¡Dejadlo hablar!

 

PLEBEYOS 2 y 3 (Luego se suma la multitud):

¡Callaos que va a hablar! ¡Dejadlo hablar!

 

CLAUDE DUVALL:

Quisiera que se me concediese la voluntad de honrar a las damas, con un epitafio para adornar mi tumba.

 

CARDENAL:

Concedido. Id en paz con Dios.

 

(Se acerca el guardia, cubre su cabeza y rodea su cuello con la horca. Sueltan la base. Suenan varios gritos ahogados entre la multitud, luego todo se silencia)

 

DAMAS (Desde el fondo del escenario):

Aquí yace DuVall. Lector: si hombre sois, Vuestro bolso cuidad. Si sois mujer, vuestro corazón.

Mucho hizo aquél a unos y otros, pues

hombres hacía enfrentar, y a mujeres caer.

Al Segundo Conquistador de raza Normanda,

Ilustres tomaron su brazo, y su rostro las damas.

Vieja Gloria de Tyburn, De Inglaterra ilustre Ladrón,

DuVall, alegría de las damas; DuVall, de las damas su dolor.

 

 

 

 

 



FINAL DE LA ESCENA III

 

 

FIN DE “LAS GALANTERÍAS DE CLAUDE DUVALL”